| 月曜日, 1月 4 |
| La partida |
Tarde o temprano hay que abandonar el nidito. Sí, este post va dedicado a todos los rancios que están en la media de los 20 años o más, y que aún se acomodan en el sillón de la casa de sus padres a ver Yingo o Animales (o alguna otra cosa más espectacular si tienen cable, como ese programa donde muestran las cosas en cámara lenta, la zorra…), y también para los que como yo, ya han volado con sus propias alitas y han salido ilesos en el proceso.
Ahora, salir ileso es una cosa. Que te salgan bien las weás es otra.
Vivir solo es un desafío gigante, que se enfrenta con harto miedo, aunque uno nunca lo acepte y se las dé de independiente shúer logo. Y podría asegurar que la primera complicación que se nos viene a la mente, cuando se trata de batírnoslas por nuestros propios medios, está estrechamente relacionada con las tareas domésticas. Porque sí, digámoslo, la mayoría de los mortales que habíamos vivido siempre bajo el alero de una mamá sonriente y bella que nos hacía la comida rica y nos planchaba los vestiditos, nos topamos de sopetón con todas aquellas cosas que no hacíamos jamás. Más de alguno habrá hecho su cama (y deshecho, supongo), pero más allá de lavar los platos de vez en cuando y recoger la mesa, dudo que la experiencia en las labores del hogar haya sido lo bastante ardua como para estar entrenado a full al momento de los que hubo (se aceptan excepciones, no me vayan a golpear porfa, que no quiero ser como Arenita). Así que la primera vez que lavai los platos te piteai la mitad del detergente, y después te dai cuenta de que es bien cara la mierda y que no debiste hacer eso, y juras que no lo harás nunca más. Entonces para la próxima compras uno más barato y más grande, y resulta que es más malo que la cresta y te lo volvís a pitear, y entonces uno se pregunta, ¿dónde está Dios? Y la cama, por alguna razón, no se parece a la que hacía tu mamá, los cojines están chuecos, y hagas lo que hagas no queda cuadradito y al final parece cama de hostal, y, entre muchas otras cosas, pasar la aspiradora y la plancha por encima de una camisa es mucho más agotador de lo que parecía en la tele. ¿Y la cocina? Ese tema me podría casi ocupar un post entero, así que lo resumo en que las primeras veces uno se va a la soberana chucha, porque puta que es difícil cuando se está solo. En lo personal, no me gusta comer cuando no hay nadie más, entonces como que le hago el quite a la cocina y eso termina siendo catástrofe, porque poco y nada se aprende si uno no echa a perder (o hecha, no sé, como que esta expresión no existe así que me la van a perdonar si está mal). Me aburre pensar que tengo que preparar algo que sólo yo voy a comer, entonces me sale el amor de madre y deseo que mi cuyi se interese en los pasteles, postres y estofados que podría llegar a hacer si él los probara. En fin. Aparte de eso está el tema de organizarse con las lucas, de saber en qué gastar y en qué no, y ahí es cuando te empiezan a doler varias cosillas que ya no puedes hacer tan seguido, o que, lisa y llanamente, tienes que dejar. PRIO-RI-DA-DES. Una bosta, pero existen. Yo siempre me quejaba de que cómo algunos amigos eran tan cagones de no tener plata para carretear, que qué les costaba gastar dos o tres lucas, o cinco para ir a la disco, o cómo no podían traer una cooperación algo más sofisticada al momento de solicitarla para un malón o un brillito. Pero después de estos meses en los que he tenido que sustentarme con el sudor de mi frente, me he dado cuenta de que esas mismas 3 lucas con las que salía a mover el cucu, se pueden traducir en no sé cuántas zanahorias, morrones, vegetales varios y hasta pan y pasta de dientes. Sí amigos, el dinero es una herramienta poderosa en manos de quién sabe usarlo, y vaya que hay que saber usarlo en estas circunstancias de independencia. Entonces, dejai de hacer todas esas cosas para las que antes te alcanzaba, porque antes tus papás podían pagarte mucho de eso y no había preocupación alguna, y la mesada (en el caso de los afortunados) y la plata que juntabai quién sabe por qué, te daba perfectamente para todas las excentricidades, golosinas y cosas inútiles del mundo. Todo aquello que parecía tan corriente se transforma en un puto lujo.
Pero en todo caso, no quisiera que pensaran que este es un post negativo. No, no lo es, es más bien un post realista, o al menos de la realidad que a mí me ha tocado vivir en esta aventura, y que de seguro llegará a ustedes en un futuro cercano o lejano, con mejor o peor suerte que la mía. Vivir solo tiene sus pro y sus contras, pero más allá de todos los errores que puedas cometer, de que a veces te falte la plata o de que uno pierda la paciencia cada dos por tres, la libertad de saberse autodidacta e independiente no tiene precio. Aunque sería bueno que para todo lo demás existiera Master Card :/ |
craneado por Nahid @ 7:39 午前  |
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| 1 Comments: |
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Aunque yo queria independizarme antes de los 25 la maldita carrera que estudie me quito todas las posibilidades de independizarme asi que obligado a sobrevivir en la casa de los viejos por un par de años mas
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Aunque yo queria independizarme antes de los 25 la maldita carrera que estudie me quito todas las posibilidades de independizarme asi que obligado a sobrevivir en la casa de los viejos por un par de años mas